viernes, 22 de marzo de 2013
El piano de su piel ofreciendo una hermosa melodía a cada nota blanca, o negra, qué más da. La grandeza de sus latidos acompañando cada silencio, cada nota. No se acaba, es infinita la pieza que toco con suavidad y delicadeza, rozando sus sentidos a cada suspiro fugaz. Me inquieta, me atrae la forma que tiene de perderse en sus propios gemidos, de como acompañan mi canción de noche eterna. Cada una de sus súplicas llenan mi boca de deseo por beber de sus pupilas al contacto con mi piel. Una pieza que encaja perfectamente en mis manos, una pieza que seduce.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario