Quise saltar al vacío desde el punto más alto al que pudiese llegar.
Quise sentir que este dolor me elevaba, como volar sin alas sobre un cielo ahora gris. Como sentir el frío en la cara; libertad en el oxígeno. Quise sentir que el mundo se me quedaba pequeño entre las manos y que ya nada me importaba, que ya en el olvido era feliz.
Desperté en la madrugada con la garganta atada y el sudor frío en la frente. Mi corazón latía como si de un suspiro fuese a saltar de la boca. Aún sentía ese hormigueo en el estómago, que me decía que soñar era como vivir.
Por un instante, me olvidé del vértigo y de todo lo demás. Salté sin importarme la caída, sin sentir, sin vida. Volé soñando y con el pecho encogido, las respiración cortada y las venas respirando. Volé, sin alas, pero volé.
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